lunes, 19 de marzo de 2007

La muerte de parias también merece un espacio mediático

Nos guste o no es evidente que no se puede publicar el fallecimiento de alguien desconocido si éste no implica consecuencias para la sociedad o ha sucedido en circunstancias poco habituales. ¿Qué espacio merece ser destinado a la muerte de dos obreros en los medios de comunicación de masas? Todo depende de lo anteriormente comentado. Si se tratara del fallecimiento de dos vecinos obreros de un pequeño pueblo o barrio sin mayor importancia, es probable que la prensa, las revistas e incluso algún canal locales informaran sobre lo sucedido a su limitado grupo de consumidores, pero sería un hecho que no transcendería hasta el punto de ser publicado en grandes soportes mediáticos.
Pero pongamos por caso, un momento, que la muerte de estos mismos obreros fuera consecuencia del incumplimiento de los requisitos mínimos que se le exigen a una empresa en cuanto a medidas de seguridad se refiere. Entonces, esta noticia podría desencadenar en un amplio conflicto al que algunos soportes le dedicarían incluso un paraguas mediático si se acaeciera, poniéndose en la palestra las malas condiciones en qué muchos obreros, la mayoría inmigrantes, se ven obligados a trabajar.

La muerte de dos obreros no suele ser noticia



Si muere alguien notorio es seguro que los medios de comunicación dedicaran algún espacio al acontecimiento y a sus circunstancias y, por lo tanto, será noticia indiscutiblemente. No sólo se hablará de su muerte, sino que algunos soportes aprovecharan el interés morboso de sus consumidores y desvelarán durante días lo que el fallecido hizo en vida, tal como sus aferes amorosos, sus fraudes profesionales o, en caso de que no los haya, ya se encargará alguien de sembrar la duda, ¿a caso puede un muerto levantar de su tumba y negar todo lo que se ha vertido sobre él como si de una fuente ávida se tratara?
Tomemos por caso el fallecimiento de Erika Ortiz. ¿Quién le destinaría un espacio en portada si la muerta no fuera más que una trabajadora menor de Globomedia y madre de una niña de seis años? Probablemente nadie, si acaso la prensa gratuita lo destacaría en uno de sus breves. Pero se trataba ni más ni menos que de la pérdida de uno de los miembros de la familia Ortiz, a la que pertenece Leticia, futura reina de España. A nadie afecta este hecho, exceptuando claro está a la familia y sus allegados y a la imagen de la realeza; a nadie importa, pero interesa y no tardó en formar parte de la agenda informativa de todos los españoles.
Dado que la muerte de dos obreros no corresponde al criterio de notoriedad que convierte idénticos hechos en noticia o los desestima, debemos suponer que la decisión de publicarlo depende de otros factores. No se puede publicar la “simple” muerte de dos desgraciados si ésta no viene adornada de circunstancias misteriosas o es responsabilidad de alguna gran empresa a quien poder inculparle una mala gestión de sus medidas de seguridad. En el primer caso sí entraría en juego el interés de lo anecdótico y si se diera el segundo no falta decir que la muerte de dos de sus trabajadores sería suficientemente notable como para estudiar las condiciones en qué ejercen sus competencias. Así, quien decide convertir en noticia un hecho como éste no es el estatus de sus protagonistas más directos, las víctimas, sino las circunstancias y los implicados que les rodean.